EL CUERPO EN JUEGO. ¿Somos y/o tenemos un cuerpo? Por Mª Ángeles CASIELLO

Poema:

PARA QUE PUEDA SER

HE DE SER OTRO,

SALIR DE MÍ,

BUSCARME

ENTRE LOS OTROS,

LOS OTROS QUE NO SON

SI YO NO EXISTO,

LOS OTROS QUE ME DAN

PLENA EXISTENCIA,

NO SOY, NO HAY YO,

SIEMPRE SOMOS

NOSOTROS…

SOY OTRO CUANDO SOY

LOS ACTOS SON MÁS MÍOS,

SÍ SON TAMBIÉN DE TODOS

PARA QUE PUEDA SER

HE DE SER OTRO…

Autor: OCTAVIO PAZ

 

 

 

La constitución temprana de la identidad pasa por una etapa en la que la conciencia de Ser  es un sentimiento pulsado y vibrante desde la energía corporal (soy yo) y necesitará aún una concepción intra-psíquica más compleja para completarla con un sentimiento de Ser.

El movimiento cumplirá la función de expresión, comunicación, defensa y descarga en relación con sus relaciones internas ante las exigencias del mundo externo. La tarea de comunicación está predominantemente en las esferas mimética, motriz y verbal.

El movimiento expresa la manera de ser de la personalidad “en situación” y revela emociones y sentimientos que experimenta. Por eso es importante que en los primeros años de vida el niño pueda mover objetos, producir el movimiento, dejarse fluir en el y sentir corporalmente los efectos.

El gesto es una de las formas de expresión de una realidad humana. La mímica reúne actitudes y gestos mediante los cuales se traducen los estados afectivos.

Las experiencias de contacto, perceptivas del cuerpo todo entero, con el que el adulto brinda el sostén durante los primeros meses y la sensibilidad profunda que otorga la superficie total, desempeña un papel fundamental en la constitución del sujeto. Las secuencias de placer-dolor, van construyendo una demarcación  de representaciones de ese Yo Corporal.

El sentido de las posturas desempeña un papel fundamental en la construcción del conocimiento que tenemos de nuestro cuerpo, ello se debe a que adquieren una dimensión social en la medida en que revisten un sentido simbólico, para uno mismo y para los demás.

Las sensaciones internas constituyen el núcleo de sí mismo. Parece ser el núcleo central en torno al cual llegará a establecerse el sentimiento de identidad.

Paulatinamente el niño descubre que hay partes del cuerpo que marcan las diferencias entre los sexos. Los objetos se juntan y se separan a través de múltiples encuentros y desencuentros.

“Así como los fundamentos de su vida mental se construyen en el primer año de vida, también su mundo lúdico se origina en esos primeros juegos de pérdida y recuperación, de encuentro y separación”[1]

Con la marcha, el lenguaje y el juego simbólico, va emergiendo una persona autónoma. En la medida en que  el niño se va haciendo más independiente en sus desplazamientos, se expande la exploración del mundo inanimado y va desplazando su fuente de placer en la interacción social.

Los juegos simbólicos permiten al niño tomar conciencia de su entorno y a través de gestos, sonidos, ruidos, y movimientos, manifiesta y representa por medio de estas acciones, las realidades vivientes que está tratando de comprender. Es así como descubre que hay y que existen diversos puntos de referencia, que hay un compañero para jugar y esto significa reconocer el objeto de uso y a la vez reconocer que al otro puede o no interesarse por el mismo objeto.

Una regla de juego, define la presencia de alguien más y de un requisito a tomar en consideración. Descubrir el juego reglado, involucra a los otros y sale de la presencia única; porque implica entenderse con otros, comunicarse, entrar en diálogo.

Es a través de las manos que los seres humanos toman contacto con el mundo de los objetos, con la piel de la madre – primer objeto de amor. Manos, brazos, en un todo, le permiten al niño, incorporarse para coger las posturas más evolucionadas: gatear, pararse, reptar, caminar, arrojar, alejar objetos, etc. será la mano la que indique ante la falta de lenguaje verbal, todo aquello que el niño intente obtener o pedir de los otros.

La mano, es su función táctil de la que obtiene y provee de información; acompaña y produce ajuste del cuerpo entero con respecto a uno mismo y al espacio. Realiza las acciones pertinentes que, sin su intervención, difícilmente se concretarán.

Sólo cuando han aprendido a reconocer que la mano es más que dedos y uñas, pueden representar la parte interna de la misma.

El niño sabe sobre su cuerpo y sobre sí mismo mucho más de lo que representa en sus dibujos. Es alrededor de los dos o tres años que descubre la magia de cómo recrearlo y retenerlo a través del dibujo. Es el cuerpo su primer interés.

Los pies son los soportes, los que nos llevan. Son la parte más lejana del cuerpo; desde que logramos estar de pie y caminar, se convierten en el punto distal a la vista, a la cara y a la cabeza que dirige y actúa.

La cabeza, es una de las partes del cuerpo más cargadas de significado. Biológicamente es una de las zonas a las que se le brinda especiales cuidados durante el primer año de vida y aún después.

La cara muestra tempranamente señales de placer o dolor, de calma, de serenidad o inquietud.

La primera representación simbólica de la figura humana que un chico hace por medio del dibujo es la cabeza.

Entre los 3 y cinco años, los juegos sexuales entre niños son la norma y ello contribuye al buen desarrollo psíquico y físico.

El cuerpo, es el lugar donde se inscriben los aprendizajes a lo largo de la vida de un sujeto. En él se reflejan tensión, placer, alegrías y tristezas, sensaciones de comodidad e incomodidad, de bienestar o de enfermedad.

 

Concluiré diciendo:

Los seres humanos, somos una materia viviente, por eso nuestro cuerpo, es materia y espíritu.

Hoy, en los tiempos que corren, hay una intencionalidad social que refleja una estética prefijada. Los parámetros de belleza, están planteados en virtud del éxito, tipificando de esta manera determinadas formas corporales femeninas o masculinas, tonalidad de piel, color de cabello, de ojos,…Las reglas de mercado, avalados por la publicidad, nos enseñan que seremos si adherimos o consumimos, en cierta forma determinados productos.

Mientras el mundo avanza tecnológicamente en  forma vertiginosa, el ser humano sigue siendo morfológicamente el mismo. Por eso, daremos prioridad a todos aquellos medios que nos permitan aprender de nosotros mismos, conocernos, reconocer nuestras necesidades, nuestros intereses y limitaciones para poder así arribar a caminos de cuidado, respeto y construir nuestra propia identidad.

Nuestro cuerpo, nuestro hábitat vital, tiene necesidades fisiológicas y emocionales. Nuestro mayor capital somos nosotros mismos. La capacidad integradora de disponerse como unidad, con vibración sensorial, emotiva y reflexión, aunadas con el objeto de mejorar la calidad de vida de la persona.

 

 

Si en el comienzo de su vida el niño pasó del juego con el cuerpo al juego con objetos, ahora irá abandonando estos objetos para orientarse nuevamente y de un modo definitivo hacia su cuerpo y el de su propia pareja”.[2]

 

 

Contemos un cuento:

“Un día las partes del cuerpo humano tuvieron una disputa.

Ninguna quería estar más al servicio de las otras.

Los pies dijeron: “No trabajamos más para nadie, trabajad vosotras”.

La boca dijo: “Estoy harta de alimentaros, no masticaré la comida para el vientre”.

Los ojos dijeron: “También nosotros estamos cansados. Ahora mirareis vosotras”.

Y por eso las partes del cuerpo estaban peleadas, dejaron de ayudarse. Con el tiempo empezaron a debilitarse y se volvieron arrugadas y secas. Hasta que un día se dieron cuenta de las desdichas que traían estas disputas y decidieron reconciliarse y ayudarse como al principio. Los ojos miraron, los pies anduvieron, las manos trabajaron y volvieron a comer. Unidas todas las partes del cuerpo viven ahora en buena salud.” Cuento Popular Mongol.

 

 

Frase para PENSAR:

“EL EDUCAR SE CONSTITUYE EN EL PROCESO EN EL CUAL EL NIÑO O EL ADULTO CONVIVE CON OTRO Y AL CONVIVIR CON EL OTRO SE TRANSFORMA ESPONTÁNEAMENTE, DE MANERA QUE SU MODO DE VIVIR SE HACE PROGRESIVAMENTE MÁS CONGRUENTE CON EL DEL OTRO EN EL ESPACIO DE CONVIVENCIA.

EDUCAR OCURRE, POR LO TANTO, TODO EL TIEMPO.”

Maturana, R.H. “Emociones y el Lenguaje”


[1] “EL NIÑO Y SUS JUEGOS”. Arminda Abrastury. Editorial: Paidós Ecuador. Buenos Aires, 1987. Pág. 29.

[2] [2] “EL NIÑO Y SUS JUEGOS”. Arminda Abrastury. Editorial: Paidós Ecuador. Buenos Aires, 1987. Pág. 83.

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2 comentarios en “EL CUERPO EN JUEGO. ¿Somos y/o tenemos un cuerpo? Por Mª Ángeles CASIELLO

  1. Laura

    Yo también estoy un poco en tu camino,Lcda.en Filosofía y Cc. de la Educación he dado pintura durante 8 años a niños de primaria, también soy monitora en un cole por las mañanas, he dado talleres,he contado cuentos y he hecho jugar a los niños,pero sobre todo he aprendido de ellos muchas cosas y mi idea es escribir un libro con todas las anécdotas que pueden ocurrir en un patio de colegio…Quién este en contacto con niños sabe lo apasionante que es .

    1. Hola Laura: quienes amamos la educación gozamos con el placer que tienen las personas que están a nuestro cargo. Siempre he pensado a lo largo de mis años de trabajo (más de 20) que no trabajaba por que disfrutaba y eso es hoy en día un verdadero lujo.
      El Juego es para mí un estilo de Vida que nos permite acceder a diversas formas de comunicación, expresión…
      Tu iniciativa de contar anécdotas de los patios del cole me parece muy interesante. Los niños juegan si prejuicio alguno y ahora te pregunto y los adultos que están con ellos en el patio también lo hacen?? o sólo se quedan mirando???
      Puedo decir que he trabajado con diferentes culturas, Argentina -España básicamnete. y con diferentes estratos sociales (poblaciones en riesgo de exclusión social, clase media y alta).
      Te voy a contar una ánecdota que me pasó en una Escuela Pública Catalana:
      Una vez me contrató una empresa para trabajar como monitora de comedor. Yo super contenta, asistí a mi primer día de trabajo, dispuesta a jugar con los niños en el tiempo libre que tenían antes de comer. Cuando llegué, la coordinadora del comedor, me explicó las normas y me dijo que yo debía pararme en un rincón del patio y vigilar una zona determinada – me dejó paradita en el lugar y se fue. Yo tenía dos opciones, una obedecer y así supuestamente no perdería el trabajo….o la otra, era interactuar con los niños que estaban en la zona a VIGILAR. Yo siempre digo que en donde trabajo voy con cuerpo y alma, así que en forma natural, y sin quererlo-queriendo, JUGUÉ con esos niños. Nadie me despidió, ni me miraron con mala cara, al contrario, llegué a ser coordinadora de comedor de un Instituto en el que trabajé con adolescentes y JUGUÉ con ellos también.
      Hay gente que se queda con las ganas y no arriesga por temor. Yo les invito a que no se queden con esas ganas, más cuando sólo se trata de comprtir y dar alegría.

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